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El [Estado | Generalitat] virus opresor

“Las calles serán siempre nuestras”, se han hartado de gritar miles de personas en Cataluña en los últimos meses, con el zumbido de fondo de los helicópteros tratando de controlar el movimiento de la masa “oprimida”.

Este grito de guerra contra el “estado opresor” se ha extinguido en el momento en el que ha llegado un virus, un bicho microscópico, que ha barrido las calles de muchedumbre y las ha llenado de silencio.

¿Un virus “opresor”? Sin ánimo de banalizar, el coronavirus (lo de corona, con el odio hacia el Borbón, no deja de tener gracia) ha reordenaos, de momento, las prioridades. En el momento en que su sombra se ha extendido, se ha confinado a millones de personas de un plumazo y no ha ardido ni un contenedor. Las calles son del virus.

De las portadas ha desaparecido “el tema”. El “maldito tema” que nos ha impedido en los últimos años levantar la cabeza del terruño y ver más allá del límite de nuestros exaltados sentimientos patrios o regionales. El COVID-19 nos ha quitado la barretina o la boina con una sencilla ráfaga de viento. Y lo mejor: sale a flote un sentimiento de unidad que recose el desgarrón del puñetero procés.

Incluso los partidos de ámbito nacional se han puesto de acuerdo en algo. Ante las ruedas de Sánchez vacías de periodistas y contenido, la oposición ofrece su apoyo casi sin fisuras (siempre hay espacio para colocar un reproche al Gobierno).

Bienvenida la unidad. Bienvenido el acuerdo. Bienvenida la reconciliación, parcial, que ha traído el bicho. El conocido enemigo exterior que aglutina a la población en torno a la autoridad, está, por desgracia, muy vivo. Pero siempre hay aspectos positivos que conviene subrayar.

Seguiremos después de esta larga pausa. Total, las calles ya no son nuestras, son suyas, y estamos confinados. Aprovechemos el tiempo.

 

Los Diez Mandamientos: un nuevo episodio de lucidez de Pilar Rahola

Pilar Rahola cuenta con una larga carrera profesional que se ha movido en dos campos: el de la comunicación y la política. Brillante opinadora, se incorporó de la mano de Àngel Colom en ERC y fue un soplo de aire fresco en el Congreso de los Diputados, como única representante de su partido. Tiempo después, en ERC fagocitaron a Colom y este, acompañado de la propia Rahola fundaron el fracasado PI. Finalmente, regresó al ámbito de la comunicación, con Cuní y manteniendo la presencia en otros medios como opinadora polémica y mordaz.

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