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PP y PDeCat, dos congresos muy distintos

Este fin de semana se han celebrado el congreso del Partido Pupular y el del PDeCat (que todavía sigue en ello) y me ha llamado la atención la diferencia en su desarrollo y en sus resultados.

El PP, que salió del Gobierno por la puerta de atrás sin ver venir una moción precocinada, podía haber elegido a la ex vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría como nueva líder del partido, lo que, en mi opinión, hubiera sido perpetuar su situación de bloqueo ideológico y electoral.

Rajoy y su equipo más cercano estaban quemados después de la crisis económica, de perder la mayoría absoluta y de enfrentarse en minoría a la crisis catalana. Me da la sensación de que perderé el poder ha significado para el PP una alivio para enfrentarse a sus problemas de corrupción y renovarse por completo si necesidad de cambiar sus siglas.

Pablo Casado recupera el perfil ideológico del partido y aporta, sobre todo, juventud e ilusión entre las bases del PP, algo que Soraya Sáenz de Santamaría no hubiera querido ni podido hacer.

La otra cara de la moneda es el PDeCat, que se ha echado en brazos de Puigdemont para ser devorado por la Crida, movimiento impulsado por el propio ex presidente y su sucesor, Quim Torra. Marta Pascal, hasta hoy coordinadora general de la jefa Convergència, no ha podido detener el rodillo que ha laminado al PDeCat confesaba ayer que titabal la toalla al no contar con la confianza de Puigdemont.

Al finalizar el congreso y tras haber puesto al mando a un nuevo títere, un tal Bonvehí, la antigua Convergència (eliminada por la sombra de la corrupción, que asomó con el Caso Palau y la crisis de los Pujol-Ferrusola) se disolverá en la Crida.

Un partido sale aliviado de la crisis en la que se había sumergido y otro se condena a la desaparción para continuar con un procés que todavía respira por obra y gracia de los intereses personales y particulares de Puigdemont y compañía.

Muchos de los procesados por corrupción del PP serán condenados –o no–, pero ya no mandan en el partido: están fuera. Si Casado acierta a renovar la estructura –y a resolver el asunto de sus estudios– contará con un partido reforzado en muy poco tiempo. Le queda la asignatura pendiente de Cataluña, en la que el nuevo presidente del PP debe todavía modular su discurso. Ayer se vino arriba y llegó a hablar de Tabarnia…

Al PDeCat no le queda futuro. Pasará a formar parte de un proyecto de urgencia montado por Puigdemont después de palo judicial que Alemania ha dado a Llarena. No hay ideas, únicamente el discurso nacionalista.

Llarena y la violencia de la rebelión

El portazo del juzgado alemán al Supremo tiene dos vertientes: Europa ha fracasado en el momento en el que la euroorden se ha tenido que aplicar en un caso sensible y Llarena ve cómo se tambalea la imputación del delito de rebelión a los líderes independentistas, así como su permanencia en régimen de prisión preventiva.

Me llama la atención que un país como Alemania, que prohíbe expresamente el derecho de un lander a proclamar su independencia o a romper con el marco jurídico vigente, no haya aceptado extraditar a Puigdemont por el delito de rebelión. De hecho, una instancia regional ha juzgado al ex presidente y le ha absuelto, pasando por encima de una instancia superior de otro país.

También es llamativo que en el Código Penal español no se tipifique como delito los sucesos que ha tenido lugar en Catalunya o que no se haya desarrollado legislativamente el artículo 155 de la Constitución.

Con estas lagunas jurídicas, la instrucción de Llarena ha buscado imponer el máximo castigo a quienes quebrantaron la legalidad repetidamente, pero sin encontrar un delito que asignarles. Quizá su empeño por justificar la existencia de violencia en los sucesos de septiembre y octubre del año pasado acabe perjudicando gravemente a la causa.

Si finalmente el Tribunal Supremo condena a los encausados, la consecuencia inmediata será una reacción antiespañola en España y en algunos sectores de la opinión europea, y la convocatoria electoral inmediata por parte de Torra-Puigdemont para obtener los réditos de la indignación ciudadana.

Y si los condenados recurren a Estrasburgo, el tribunal europeo condenará con toda seguridad al Estado Español. Todo sucederá al mismo tiempo que Pedro Sánchez intenta, con su exiguo apoyo parlamentario, desbloquear la situación “dialogando” con un Torra que insulta y desacredita a España en cada ocasión que tiene.

Qué torpeza tan grande la de Rajoy y Mas. Ahora el procés está herido, los independentistas divididos (ERC no se ha sumado a la Crida), pero continuará. Hubiera sido más sencillo desmontarlo comenzando por recordar que el independentismo, que se arroga la representación de lo que denominan “el pueblo de Cataluña”, no ha obtenido nunca la mayoría de votos en las elecciones.

En definitiva, nos esperan unos meses más de descontrol, porque no hay todavía en España ningún político con la altura de miras necesaria para cohesionar en torno a sí a las fuerzas políticas y buscar una solución real al problema de la España autonómica.

De momento, adiós al PDeCat y hola al nuevo PP. Dos congresos, un partido probablemente renacido de sus cenizas y otro muerto y enterrado.

 

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