“El tonto Simón” suena de nuevo

Radio Futura (por si eres joven) fue un grupo de los ochenta, con un estilo peculiar no dejaba indiferente. Podía gustarte o no, pero sonaba distinto. Y una de sus canciones se titula “El tonto Simón”. En sus poco más de doce años de trayectoria, este tema sonó miles de veces en España y aun hoy se encuentra en cualquier servicio de música en estríming o “bajo demanda”.

Ahora, recién estrenado el segundo decenio de este siglo, Simón, el nombre Simón, suena miles de veces al día en España. Es el apellido del nuevo rey león de La Moncloa, que aparece con su aspecto cuidadamente descuidado every day en la tele, desde hace semanas, para explicar cuántos se han quedado por el camino por la epidemia del coronavirus.

Solamente unos pocos conocen cuánta verdad ha deslizado en sus apariciones diarias; mi sensación es que poca. Sin embargo, en ocasiones, se le escapa. Esta semana, por ejemplo, sobre el uso obligatorio de las mascarillas, soltó una: ahora sí, porque haberlas, haylas. Claro, antes no, porque no las habíalas. El español medio se trazaba una ruta de farmacias tras una de ellas en pleno apogeo del virus y, efectivamente, no habíalas.

Este tonto Simón ha logrado obtener un récord que únicamente parecía estar al alcance su de jefe y presidente del Gobierno: en el escaso tiempo –aunque parezca una eternidad– que hace que ha aparecido en nuestras vidas, ha acumulado tantas contradicciones que me pregunto cómo descubrir cuándo dice verdad. Tal vez lo de hace tres semanas era cierto y lo de hoy no. O… ¿viceversa?

Viceversa o no viceversa, el tonto útil Simón se planta ante el micrófono para defender a un gobierno sin credibilidad. Nació sin ella y no ha hecho sino confirmar que la palabra dada se la lleva el viento y que al pobre Diego de donde dije digo lo han agotado por exceso de uso.

“Eres tonto, Simón”, cantaba el vocalista de Radio Futura, Santiago Auserón. Eres tonto Simón. Eres EL tonto, Simón. El tonto útil, el juguete que acabará roto, si no al tiempo. Más pronto que tarde. Te plegaste a contar cuentos “bajo demanda” de tus jefes y acabarás, tras tu largo minuto de gloria, en el cubo de la basura de la política. Por el bien de todos, esperemos que sea, lo dicho, más pronto que tarde.

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