¿Periodismo? ¡Es propaganda, idiota!

Los medios tradicionales, que están intentando todavía saber qué quieren ser de mayores, han sido en su época dorada y continúan siendo cadenas de transmisión de intereses diversos. Y sin pudor. Como ya no lo compro en papel, no sé si El País continúa luciendo en su cabecera el cínico “Diario independiente de la mañana”.

Sin embargo, la prensa, incluso en sus formatos digitales, intenta guardar –aunque toscamente– las formas. Son los medios digitales nativos los que suelen descaradamente defender posiciones determinadas, tratando con menos éxito definirse como medios de comunicación serios y con información de calidad.

Los hechos son sagrados, las opiniones libres, creo que decían en La Vanguardia. Bien, pues ya no hay hechos sagrados ni opiniones libres. Se han diluido las líneas divisorias de los géneros periodísticos: ya no sabes qué tipo de pieza estás leyendo, da igual la sección en la que se encuentre.

Entre mis rutinas se encuentra revisar la prensa app rímela hora de la mañana, café en mano. Comienzo por visitar los medios con los que menos afinidad tengo, continúo por aquellos que me disgustan menos y finalizo con un paseo por aquellos que no me cuesta especialmente leer. Debo confesar que se me cae el alma a los pies.

La selección de noticias de principales y de titulares ya te da una idea de por dónde ataca cada uno los asuntos del día. El orden, la disposición, la adjetivación, las imágenes… El conjunto visual ya es una declaración de intenciones.

Un titular basta para convertir una información o noticia en opinión. Basta añadir un adjetivo para orientar al lector. Una fotografía bien seleccionada también define el tono de la noticia. Todo influye. Por supuesto, también las ausencias clamorosas o los silencios estruendosos.

Los textos, lleven firma o no, convierten al hecho noticiadle en una toma de posición en favor o en contra. Quizás hace unos años de un modo sibilino. En la actualidad, parece que no importa. A por la pieza de caza. A por el ciervo de doce puntas.

Los intereses de las empresas periodísticas siempre han existido. Lo que pido, por favor, a mis supuestos colegas, es que traten de ser un poco más sutiles. Que porque estén publicando en formato electrónico, el lector, aunque sea absolutamente un hooligan de la línea editorial del medio, merece todavía un respeto.

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