Desfasando el coronavirus

Hace días que quiero escribir algunas ideas sobre el momento que vivimos en España y el mundo, pero resulta complicado filtrar la cantidad de información que circula por medios de comunicación y redes sociales.

Es obligatorio procesarla y buscar fuentes fiables, y el problema es que el respeto por la verdad ha desaparecido por completo. Pero alguna cosa he sacado en limpio, contactando con personas que explican lo que han vivido.

-El Gobierno disponía de toda la información necesaria para prepararse ante la epidemia. Habrá que exigir que responda ante todos los españoles por qué se retrasaron todas las medidas preventivas, confinando a 47 millones de personas cuando el virus ya se había expandido por toda España.

-El sistema sanitario sí se ha colapsado en algunas áreas. Es un hecho. Por mucho que se empeñen en decir que no, a muchos nos consta de primera mano cómo se ha vivido en hospitales y residencias una crisis sin precedentes, que ha obligado a seleccionar pacientes. Se ha dado directrices que impedían, por ejemplo, trasladar a un hospital a ancianos, dejándolos en sus residencias. En los hospitales, los profesionales, en el mejor de los casos, han pasado de un lado a otro de los límites de la ética en el llamado triaje: decidir a quién se le pone el respirador y a quién no.

-Centralizar la gestión de la crisis ha sido un desastre. En estas circunstancias, con un gobierno recién constituido y transferida la sanidad desde hace años, acaparar el poder de decisión en un mando único ha sido temerario. Un ejemplo es el caos en la adquisición de material sanitario. La OMS había advertido de la necesidad de aprovisionarse de desinfectantes, mascarillas, equipos de protección… Y la opacidad del Gobierno en sus explicaciones sobre los lotes de mascarillas inútiles da fe del fracaso de la centralización.

-A pesar de la confusión en la gestión de datos, los cambios en los modos de contabilizar contagiados y fallecidos, parece que España, por desgracia, se lleva el premio en número de fallecidos por habitante. En la entrega de trofeos a la incompetencia no sólo (reivindico la tilde en sólo) deberán estar los gestores del gobierno central: habrá también medallas para los presidentes y consejeros autonómicos, alcaldes y otros implicados en la gestión de la crisis.

Impresiones

-Nos hemos acostumbrado a respirar hondo y relajarnos cuando escuchamos que los fallecidos en un día ya son menos de 200… Bien, ya se ve que nos acostumbramos a todo, porque cada uno de los fallecidos es una persona única, con una familia única. No sirve empaquetar el dato y venderlo como un éxito.

-Parece que médicos e investigadores de todo el mundo van conociendo mejor cómo es y actúa el virus. Además de los avances para el descubrimiento de una vacuna, creo que es especialmente interesante observar de qué modo se afina y mejora el tratamiento de los nuevos pacientes.

-Por desgracia, estamos en manos de una clase política que carece de la capacidad necesaria para gobernar en función del interés público. Creo que, por si alguien albergaba alguna duda, lo que prima en la actuación de los políticos es el interés propio: nos gobiernan con la vista puesta en las encuestas. Hace años que el sistema de partidos han desvirtuado la política y ningún personaje del panorama político actual reúne las condiciones para asumir la responsabilidad de dirigir un país. Para mayor desgracia, no es un fenómeno aislado. Basta con levantar la vista y observar a nuestros vecino para constatarlo.

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